A veces me pregunto cómo es posible que la cuenca del río Bogotá, que aporta el 31,7% del PIB nacional y pasa frente a las narices de más de 9 millones de habitantes, sea la alcantarilla abierta más grande de Colombia con un nivel de contaminación de 8 sobre 10. Peor aun, que a sus orillas viva gente, con niños, animales y cultivos, inhalando 24 horas al día olores nauseabundos y perjudiciales para la salud.
El río Bogotá nace en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón, y desemboca en el río Magdalena, en Girardót, con aguas que poco a poco van dejando su transparencia para transformarse en turbias y malolientes como consecuencia de la minería extractiva, las aguas residuales domésticas e industriales de 46 municipios, y la peligrosa presencia de cromo, plomo, hierro, detergentes, aceites y grasas que llegan directamente al afluente.
Me pregunto también, de dónde el país va a sacar los más de 6.82 billones de pesos que se tienen presupuestados para sanear toda la cuenca del río Bogotá, cómo es que se quieren hacer ciclorutas y construir grandes edificaciones a sus orillas cuando ni siquiera se ha podido mejorar la calidad del agua, que puede llegar a ser espumosa, densa, negra e inmóvil por trayectos. En fin, se necesita tiempo, dinero, coordinación e información actualizada para lograr semejante hazaña, para bañarnos o pescar en el río como alguna vez se hizo.
A inicios de 2015, el blog El Río realizó una navegación por el río Bogotá, liderada por la Fundación Al Verde Vivo, para georeferenciar algunos vertimientos y conocer el estado de salud en el que se encontraba el afluente. La travesía, en botes inflables, se hizo en los municipios de la cuenca alta y algunas localidades de la capital. Lo que encontramos fue un panorama desalentador repleto de colchones, electrodomésticos, animales en descomposición, llantas, cajas, bolsas plásticas, sillas y demás objetos que obstruían su caudal natural.
Un año después, hacemos una nueva navegación, esta vez de la mano de la Asociación de Usuarios del Río Bogotá (ASURIO), por 14 lugares diferentes, entre ellos el puente La Florida, la estación Gibraltar, Pozo Ocho, el Embalse El Muña, la PTAR Salitre y el Salto de Tequendama. En todos ellos se tomaron muestras para conocer la calidad del agua, una de las más contaminadas del mundo.
De acuerdo con el ingeniero Hernando Robles, director de ASURIO, el río Bogotá tiene presencia de materia orgánica biodegradable, organismos patógenos, nutrientes, materia orgánica, metales pesados y compuestos inorgánicos disueltos que dejan a su paso las curtiembres, los talleres de mecánica, clubes, universidades, industrias de alimentos y ropa, entre otros.
Por otra parte, las obras de Adecuación Hidráulica, adelantadas por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), van avanzando rápidamente. En total hacen falta 16 de los 68 kilómetros de la cuenca media, que van desde Alicachín (Soacha) hasta el puente La Virgen. En este punto el río recibe el 84 % de la contaminación, además de las aguas residuales de los ríos Juan Amarillo, Fucha y Tunjuelito. También se han retirado cerca de 6 millones de toneladas de basuras y se ha ampliado el cauce del río, mitigando el riesgo de inundaciones.
¿Podrá la sentencia del Consejo de Estado garantizarle a la ciudadanía los derechos al agua, a un ambiente sano y a la salubridad pública? según la Contraloría y la Procuraduría la mayoría de las órdenes no se han cumplido y los plazos se vencieron; sin embargo, los ambientalistas y expertos en el tema tienen la esperanza de verlo limpio algún día.

El río Bogotá nace en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón, y desemboca en el río Magdalena, en Girardót, con aguas que poco a poco van dejando su transparencia para transformarse en turbias y malolientes como consecuencia de la minería extractiva

El río Bogotá nace en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón, y desemboca en el río Magdalena, en Girardót, con aguas que poco a poco van dejando su transparencia para transformarse en turbias y malolientes como consecuencia de la minería extractiva

El río Bogotá nace en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón, y desemboca en el río Magdalena, en Girardót, con aguas que poco a poco van dejando su transparencia para transformarse en turbias y malolientes como consecuencia de la minería extractiva
Fuente: El Espectador